Lula es candidatísimo, dijo su amigo Boff

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Desde Brasilia

Lula “candidatísimo”. Al cumplir un mes arrestado en la Superintendecia de la Policía Federal en Curitiba el ex presidente recibió ayer al teólogo Leonardo Boff, a quien le ratificó su determinación de participar en los comicios del 7 de octubre.

“Mandó un recado, dijo que es candidatísimo (..) Lula quiere volver al poder para dar un lugar central a las políticas públicas dirigidas a los pobres, para que abandonen su situación de miseria e infierno en la que viven.”

“Encontré a un viejo amigo, hablamos de muchas cosas, está muy bien, con entusiasmo y vigor, y el hecho de estar en una (celda) solitaria hace que reflexione y lea mucho”, declaró el filósofo cuyos escritos son referencia de la Teología de la Liberación.

Amigo del papa Francisco, Boff habló al dejar el reclusorio con una camisa roja similar a la que vestía hace dos semanas cuando intentó y no pudo visitar a Lula.

A través del teólogo Lula volvió a cargar contra el juez Sergio Moro que lo condenó por haber recibido ilegalmente un departamento de tres pisos, “triplex”, pese a carecer de las pruebas del delito que le imputó.

El líder del Partido de los Trabajadores va a desistir de su postulación a la presidencia sólo “cuando Moro traiga una única prueba de que él es el dueño del triplex” en el balneario de Guarujá, en el litoral atlántico.

La celda de quince metros cuadrados del cuarto piso de la Superitendencia policial se transformó en un punto de referencia nacional desde hace un mes.

Custodiado por federales altos y trajeados (parte del marketing de Lava Jato) Lula descendió en el helipuerto de la policía a las 22.28 horas del sábado 7 de abril, después de haber estado atrincherado durante dos días en el Sindicato de los Metalúrgicos de Santo André, cordón industrial de San Pablo.

Militantes lo recibieron aquella noche al grito de “Lula guerrero del pueblo brasileño”, tras lo cual hubo una descarga de balas de goma y gases lacrimógenos lanzados por la Policía Federal.

Casi un mes más tarde, el primero de Mayo miles de manifestantes se concentraron en Curitiba para conmemorar el Día del Trabajador en el que todas las centrales sindicales, en un gesto de unidad infrecuente, demandaron la libertad del ex tornero mecánico.

Contra las profesías de la prensa dominante la prisión no hizo mella en su popularidad. Detenta el 31 por ciento de las intenciones de voto contra el 15 del segundo, el postulante presidencial Jair Bolsonaro, el ex capitán del Ejército que hace campaña apuntando con la mano en forma de revólver. A veces Bolsonaro le apunta a un muñeco con la cara de Lula.

A lo largo de este último mes la sureña Curitiba eclipsó, por momentos, a Brasilia como capital de un país cuyo gobierno se debate entre una impopularidad record y la falta de legitimidad de origen.

No es la primera vez que Lula cae preso: durante la dictadura militar lo arrestaron y le intervinieron el sindicato.

El gobernador de facto de San Pablo en 1980, Paulo Maluf, se apresuró a decretar la “muerte” política del entonces jefe de los metalúrgicos que había puesto contra las cuerdas a los generales liderando huelgas multitudinarias.

Ahora el antagonista de Lula se llama Sergio Moro, el mentor de la causa Lava Jato devenido en un actor protagónico del campo conservador que derrocó a Dilma Rousseff en mayo de 2016 para asfaltar el camino para la proscripción del jefe petista.

Uno de los cometidos del magistrado, que dentro de unos días realizará su tercer viaje a Estados Unidos en lo que va del año, es nítido: mantener encerrado a Lula para impedirle hacer campaña.

El otro era maniatarlo dentro del calabozo para que no pueda tomar contacto con políticos, sindicalistas, religiosos y personalidades extranjeras.

Por eso cuando Lula llegó a Curitiba Moro determinó que se lo someta a un régimen de encierro severo, lo obligó a estar aislado del resto de los internos e impidió recibir la visita de políticos y amigos, como ocurrió el 19 de abril con el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

La foto de Pérez Esquivel, de 82 años y Leonardo Boff, 79 y con bastón, esperando bajo el sol que les autoricen entrar a la prisión demostró el estilo del juez.

La prohibición de Moro, puesta en práctica por una jueza que sigue sus órdenes, fue una victoria de corto plazo.

Con perseverancia política, denuncias internacionales y requerimientos judiciales Lula finalmente logró torcerle el brazo hasta que se flexibilizó el reglamento carcelario.

El encuentro con Leonardo Boff fue una derrota para el magistrado frente a cuyo despacho, en el centro de Curitiba, ayer hubo un acto de protesta.

El teólogo habló con los activistas que cada día se concentran cerca de la Policía, en el barrio Santa Cándida, para gritar un “Buenos Días Presidente”. “El escucha las voces de ustedes ,les da mucho ánimo, él va a salir más fuerte de lo que entró”.

Los primeros treinta días de prisión, “marcan una fecha triste porque no queríamos que el presidente esté donde está” dijo Gleisi Hoffmann, titular del PT y vocera del ex gobernante.

Hoffmann repudió el comportamiento “racista y fascista” de quienes atacaron a balazos, dejando dos heridos, al campamento montado por petistas, campesinos sin tierra y sindicalistas cerca del lugar de reclusión.

Esta semana se conocerá el parecer del Supremo Tribunal Federal sobre un nuevo recurso para que el ex gobernante sea dejado en libertad debido a la premura con que Moro ordenó su arresto.

“Tenemos mucha expectativa de que sea liberado antes del proceso electoral, por los recursos que interpusimos y porque la prisión fue realizada de forma ilegal”, sostuvo Hoffmann.

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